jueves, 25 de julio de 2019

Crónica de mis primeras jornadas Tierra de Nadie 2011

Tras mucho tiempo oyendo hablar de ellas decidí reservar los días y desplazarme hasta Mollina (Málaga) para experimentar en mis carnes (y dados) las virtudes de las jornadas. Sin duda ha merecido la pena. Muy pocos e insignificantes son los “peros” a cuatro días de actividades lúdicas en un lugar tan idóneo. Un estupendo trabajo por parte de la organización y demás (voluntarios, patrocinadores, etc.) que no merece más que elogios. Mis agradecimientos a los organizadores por conseguirme alojamiento tras no poder reservarlo a través de su página. Acabé en un hotel algo lejano al CEULAJ, pero por suerte lejos del ruido nocturno e incesante de la feria de Mollina. 17 octubre 2011 Por Bester.



Entre los asistentes reinan las ganas de divertirse y el buen rollo. Hay gente de todas la edades integrada lo que demuestra el carácter de las propuestas. Se encuentra uno con mucha gente agradable y amistosa y como no, con alguna sorpresa desagradable pero predecible, como la hostilidad de algunos habitantes de Mollina, en la que no merece la pena entrar en detalles.

He de decir que mis actividades en las jornadas que estuvieron centradas en los juegos de rol. Hay mucha más oferta en las jornadas que por falta de tiempo, compañeros u otros motivos, no pude disfrutar. Una pena. Se va uno de allí con ganas de que las jornadas se prolonguen varios días más.

Respecto a esas otras actividades, es destacable la cantidad de gente que se puede encontrar siempre en la sala de juegos de mesa, o la facilidad con que se encuentra uno a mucha gente ( y muchas chicas) practicando rol en vivo. El rol en mesa sigue siendo algo minoritario y masculino comparado con el resto de ofertas. Los juegos de cartas o los campeonatos de juegos de mesa, por ejemplo, acapararon gran parte de las visitas del fin de semana.

Llevaba un par de partidas reservadas desde días antes. Otras debía reservarlas tras esperar una cola (si tenía suerte de que quedasen plazas cuando me tocase). Por suerte pude apuntarme a casi todo lo que quise, excepto un par de roles en vivo interesantes que se llenaron y un par de demostraciones de juegos de mesa demasiado escasas de plazas. En cualquier caso el rol tiene menos oferta de partidas y plazas que los juegos de mesa y campeonatos. Había que andarse atento; una vez empezados los turnos de mañana o tarde era casi imposible encontrar hueco en partidas de rol.


La primera tarde (jueves) pude jugar a NSd20 en una partida dirigida por su creador Pedro J. Ramos, a quien fue un gusto conocer en persona. Transcurría en la época moderna con toques a lo Matrix .La partida resultó curiosa al estar ligada al ritmo de un rol en vivo que se jugaba en una sala cercana y que entremezclaba su argumento con el de nuestra partida. Al final ambas convergían en un interesante clímax final. Pese a mis buena disposición la “cagué” con mis decisiones y el grupo se acabó llevando el objeto que no era. Un error.

La noche del jueves conseguí una codiciada plaza en la partida de Cthulhu: Piel de toro dirigida magistralmente (nunca mejor dicho gracias a el conocimiento sobre la época que atesora) por Ricard Ibañez En la partida interpretábamos a un grupo de soldados españoles en el norte de África en busca de un mando desaparecido. En esta partida llevé al oficial del grupo. Pese a intentarlo no pude salvar a mis hombres (creo que uno consiguió huir al final a costa de su salud mental), ni a mi mismo del “infierno” en que acabamos metidos. Un jugador se empeño en decir que fue debido a mi mando sobre el grupo. Pero dejaré constancia de que nadie le dijo que levantase la cabeza cuando los “moros” nos disparaban. Un despropósito.

A la mañana siguiente (Viernes) tenía partida reservada de Donjon , dirigida por Fran Castle de Conbarba. Me apetecía probar los aspectos originales del juego y ver como se aplicaban a un esquema tradicional de partida medieval-fantástica. Debo decir que me divertí muchísimo. Reconozco que fue en gran parte por la disposición de todos. En la aventura acabamos con una historia clásica del género pero gracias a los toques de improvisación de los jugadores y director resultó muy divertida. El juego también se presta a sacar el lado “cómico” del género. Al final , ya con el sistema probado decidimos acortar la lucha final contra “el temible Krox” (bicho inenarrable y terror de aventureros) y jugárnosla a unas tiradas. Mi personaje acabo muerto mientras que el resto sobrevivió. Un infortunio.

Esa tarde pude apuntarme a una partida del colectivo Navegantes de las brumas al juego narrativo A Penny for my Thoughts. Para mi fue un descubrimiento y una de las partidas de las que mejor recuerdo guardo. El juego es más un ejercicio de improvisación en grupo que un juego de rol al uso. Pero resulta muy divertido improvisar y reconstruir la historia de “telenovela” (que son las que acaban saliendo) de un paciente amnésico. Muy recomendable. Una de las cosas que más me convencieron es la participación de todos los jugadores durante todas las fases. No hay espacios “en blanco” ni aburridos momentos en que no participas, aunque sea indirectamente. Al final todos los pacientes recuperaron sus recuerdos; asesinatos, accidentes, doble personalidad, etc…. Toda una suerte de desdichas que habían acabado con nuestros huesos en el sanatorio. Una sorpresa.

Esa noche participé en un divertido rol en vivo basado en una aventura de Unknown Armies JdR llamada La fuga.

La mañana siguiente (Sábado) pude apuntarme a El Pozo una gran sesión del nuevo Aquelarre dirigida por Ricard Ibáñez. En la aventura interpretábamos a un grupo de viajeros variopinto y multicultural (yo mismo encarnaba a un vikingo pirata y cojo ) que viajaba por el norte de España (o como se llamasen entonces esas tierras) y de pronto se veía envuelto en medio de las consecuencias de una maldición sobrenatural. Pese al sadismo del director, mis miedos y los de mis compañeros de aventuras, conseguí tener un papel estelar y épico en la resolución de la misión. Recuerdo hasta vítores del grupo cuando iban cayendo uno tras otro los temibles enemigos finales. Una historia mezclada con mitos y leyendas tradicionales muy bien construida. También muy sucia y muy medieval (como debe ser en Aquelarre) y con un final inesperado… por lo agradable. Una partida genial.

Por la tarde acabé en un rol freeform improvisado basado en una aventura de Unknown Armies creo que sacada de Instantáneas. Personalmente no me terminó de convencer el argumento, pese a su originalidad. Aunque fue una suerte poder participar puesto que la partida programada de Spirit of the Dale se había cancelado. Un apaño.

El Domingo por la mañana , pese al sueño atrasado, fui a la partida que tenía reservada de Polaris. De nuevo con Fran Castle de Conbarba, quienes dentro un tiempo lo pondrán a la venta en castellano. Le tenía ganas al juego por todo lo bueno que había leído. Sin duda es brillante y elegante, aunque no terminé de cogerle el truco al sistema y al destino trágico obligado de los Caballeros. Es un juego de improvisación y narración y en un principio puede costar arrancarse dada la ausencia de un esqueleto inicial. Las historias dependen de la originalidad e inventiva de los participantes. Supongo que habrá a quien le guste y quien lo odie. Dejamos a medias la partida cuando mi caballero estaba a punto de meterse en problemas. Un descubrimiento.

Ya en mi última tarde en las jornadas hice un regreso al pasado jugando el asalto a una de las Cavernas del Caos repleta de goblins en las inmediaciones de la conocida Fortaleza de la Frontera. Arbitrados con maestría “old-school” por Ragna y usando el reglamento del retroclón Aventuras en la Marca del este. Pasamos un buen rato explorando el lugar y sobreviviendo a la sorpresiva traición de un par de adoradores del Caos que se habían hecho pasar por pacíficos mercenarios. Una vuelta a la juventud.

Ya a estas alturas de las jornadas tenía un conflicto de identidades y “agendas lúdicas” de tanto rol que empezaba a sentir mareos

Dejé pronto el CEULAJ puesto que al día siguiente volvía pronto a Madrid. Me perdí la entrega de premios y clausura. Con algo de congoja dejé atrás el lugar donde había pasado ratos tan buenos con la firme intención de volver algún día acompañado de más ludópatas y amigos y encontrarme allí con muchos otros roleros de toda España.
Unas jornadas estupendas que recomiendo sin dudar a todo el que se pregunte si merece la pena el viaje.

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